Despertarse y mirar al mundo con ojos nuevos
Cuando abro los ojos por la mañana tomo mi tempo para observar
como me relaciono con el día que va a venir. En vez de salir corriendo
para programar y preocuparme, trato de quedarme un poco más con los
sueños y las sensaciones del cuerpo. Observo la respiración,
y compruebo que sea tranquila. Mientras me remilgo y estiro (suavemente,
sin retener la respiración) miro el techo y dejo que la visión
se amplie convirtiéndose en Soft Vision, sin fijar nada en particular
y moviendo los ojos dulcemente, liquidamente. Si veo borrosamente, no me
preocupo de ello, no trato de fijarme en los particulares. Y si hay ruidos,
o también algún pensamiento pasajero, dejo que todo discurra,
volviendo a la Soft Vision y a la respiración.
A menudo, cuando me pongo tan receptivo, siento que mi campo vital se
amplia: me siento más fuerte, más grande, más a mis
anchas con todo lo que me rodea.
Sigo estirándome un poco. A veces es como si danzara lentamente
en la cama,
mientras también mis ojos siguen moviéndose, liquidamente.
Añado también un poco de palming (o palmeo): si comienzo la
jornada haciendo palming probablemente seguiré haciéndolo
también más tarde. Durante el palming a veces observo la oscuridad
con cuidado, exploro mi cuerpo, a veces visualizo mi alcoba, tratando de
visualizar con la Soft Vision.
En este periodo tengo a menudo momentos de visión nítida
que duran medio segundo o poco más. He aprendido a aceptarlos sin
ansia ni demasiadas esperas, manteniendo la respiración tranquila
y la Soft Vision. De vez en cuando entro en un estado de gracia: me olvido
del tiempo y me muevo en esta claridad cristalina por tiempos más
largos, pero procuro no medirlos. Incluso cuando me levanto lo hago como
si continuara danzando, sin contraer el cuerpo y manteniendo la Soft Vision.
Todo lo que necesito ver, lo veo. Todas las cosas que hago en el baño
no modifican mi actitud. Siempre respiración tranquila y siempre
Soft Vision (y el Palmeo, si tengo que sentarme). Me doy cuenta de como
antes estaba acostumbrado a considerar normal el esforzarme, contraerme
y preocuparme: incluso para lavarme los dientes iba a hacer un esfuerzo
excesivo, absolutamente inutil.
Vestirse es diferente ahora, porque los criterios son algo diferentes
de los que usaba cuando usaba lentes. Las primeras veces me preocupaba que
pudiera haber manchas que no veía, o pliegues. En fin, volvía
a empezar con las preocupaciones relativas a mi aspecto, al juicio de los
demás. Y eso desencadenaba ideas extrañas: imaginaba ser de
alguna forma inaceptable sin gafas, tener pinta estúpida o moverme
torpemente, o cosas por el estilo.
Naturalmente estos pensamientos tenían el efecto inmediato de
hacerme contener la respiración y perder la Soft Vision y la movilidad
de los ojos.
Luego si hay sol, salgo a hacer un poco de sunning (exposición
de los ojos cerrados a la luz solar). Salir tiene un efecto sobre mi respiración
que se vuelve más profunda, más intensa. Y lo mismo ocurre
con la vista: la Soft Vision es como si se ampliara todavía más.
Presto atención sobre todo a la naturaleza. He descubierto que, incluso
en la ciudad e incluso con el mal tiempo, me da placer esta expansión.
La naturaleza está presente también en la ciudad: cruzo siempre
con mucho gusto parques y jardines.
A veces extraño el detalle nítido, la reconfortante sensación
de refugio obtenida concentrándome en una cosa y excluyendo todo
lo demás pero, si soy honesto conmigo mismo, he de admitir que, con
este modo de ver, veo mucho más: los colores son más vivos,
la profundidad y las distancias son más reales, sobre todo veo relaciones
entre cosas y personas que antes ni siquiera imaginaba.
A menudo doy un paseo tranquilo en lugares tranquilos, dejando que mis
ojos vean lo que hay. Pues, a veces es una experiencia ... mística,
contemplativa, casi me parece ser San Francisco de Asis, con sus alabanzas
a la creación.
Si tengo hambre, voy a tomar el desayuno, si no me pongo a escribir en
mi diario las impresiones. Hay dos dificultades: a veces no tengo palabras
para expresar mis sensaciones. Y luego advierto un fastidioso sentido de
"deja de jugar, de dar importancia a ti mismo y haz cosas serias",
un sentido de autocrítica y autosabotaje, de miedo de hacer cosas
para mi mismo. Sé bien de donde nace y sé que debo tener cuidado
para no dejarme engañar. A veces, precisamente en estas ocasiones,
o mientras escribo, tengo recuerdos e intuiciones del pasado: de repente
"veo claramente" . Y a veces se me ocurre contener la respiración
y ponerme las gafas. Y esto me demuestra que a veces uso las gafas precisamente
para no ver (o entender) cosas desagradables, o para reducir el impacto
de lo que veo.
Prepararme el desayuno y comérmelo sin lentes no conlleva dificultades
(inicialmente pensaba que fuera imposible, que habría puesto la sal
en vez del azúcar y cosas parecidas). Hacerlo en estado de Soft Vision
lo convierte en una experiencia interesante en la que olores, colores y
sabores se vuelven los protagonistas.
Ya no escucho la radio (la tele la uso solo para ver cintas de video,
de vez en cuando) . Me he dado cuenta de que la "necesidad" de
escuchar noticiarios o leer el periódico forma parte de un mecanismo
ansioso, de la obsesión de mantenerlo todo bajo control, que me hacía
contraer, digerir mal y comer demasiado.
Ahora como con mucho más cuidado, y me doy cuenta de que mis preferencias
han cambiado: me gusta variar los alimentos y he introducido un poco más
de fruta en el desayuno (hasta verdura, a veces) .
Y ya no soporto tomar el desayuno de pie, o de prisa en el bar.
En general como un poco menos, digiero mejor y me siento más despierto,
más "nítido" y, al parecer, esto me ayuda a tener
una visión más "ligera".
Salir fuera
Cuando salgo de mi casa para ir al trabajo, llevo las gafas conmigo.
Por supuesto, ya no son las de antes. Pero las uso solamente cuando decido
conducir y me siento particularmente estresado. Normalmente logro evitar
sentirme estresado, y generalmente elijo los transportes públicos
en vez de conducir.
Al comienzo llevaba las gafas colgadas de una cadena, de modo que podía
ponérmelas rapidamente. Ahora las tengo en mi cartera de mano, junto
con las cosas del trabajo. Poco a poco he descubierto que los momentos en
los que me hacen realmente falta son mucho menos de los que me parecía
inicialmente.
Decidir hacer todo con una buena antelación ha sido también
una cosa muy importante (sobre todo al comienzo), para no caer en la actitud
"ahora no tengo tiempo".
La primera vez que he intentado conducir sin gafas, lo he hecho en una
carretera tranquila durante el fin de semana. Me he quitado las gafas, las
he dejado en el asiento y he esperado el tiempo necesario para observar
la respiración, relajarme y mirar un poco el mundo. He intentado
visualizarme mientras conducía hasta el final de la carretera, atento
pero tranquilo. He procurado visualizarme relajado, con la espalda apoyada
al asiento, agarrando el volante suavemente y moviendo tranquilamente los
ojos para explorar la carretera (que había previamente delineado
y explorado con gafas). He luchado un poco con mi mente que quería
escaparse de esta visualización lenta y precisa.
Cuando he abierto los ojos, todavía advertía un poco de
ansia, pero también cierta atención, cierto interés,
como si pensara menos y viera más.
Conducir sin gafas es diferente que conducir con lentes reducidas. Da
más miedo (todo tipo de miedos irracionales), pero en cierto sentido
es más facil. En cierto sentido se ve más, basta permanecer
atentos a la carretera, manteniendo los ojos en movimiento. Antes de hacerlo
me preparé, mediante pasos intermedios, consultándome con
mis expertos. Decidí avanzar pasito a pasito, sin tener nunca la
impresión de hacer algo más allá de mis capacidades.
Ahora, con la presencia reconfortante de las gafas a mi lado, conduzco
habilmente en casi todas las situaciones. Si me siento incómodo,
tomo un poco de tiempo para preguntarme si de verdad hay una razón
objetiva, o si en cambio estoy anticipando algo negativo que podría
suceder.
Inicialmente se me ocurría volver a meterme las gafas y "olvidármelas"
puestas. Luego, cuando las quitaba, hacía un descubrimiento desconcertante:
veía mucho peor. Es decir, ponerse las gafas, incluso por poco tiempo,
endurecía enseguida los ojos y empeoraba la visión.
Caminando entre la gente me he dado cuenta de dos fenómenos importantes,
cuando uso la Soft Vision:
1) reconozco las personas mucho más y mucho antes que con las
lentes (probablemente porque mis pensamientos me distraen menos)
2) tengo la impresión de que la gente me mire de forma diferente,
más ... amistosa, incluso los extraños, tal vez porque yo
mismo me siento más abierto. Estoy muy sorprendido al darme cuenta
de ser generalmente considerado de manera positiva (hay excepciones: hay
personas que de verdad "no me ven", perdidas en sus mundos mentales).
Mi trabajo no me disgusta y tengo que admitir objetivamente que me deja
el tiempo de practicar el palmeo, delinear y hacer también un poco
de Soft Vision. En cambio antes siempre tenía la impresión
de no tener tiempo, de tener que estar concentrado (esto es, tenso) todo
el tiempo. He decidido conscientemente dar a mis ojos la prioridad sobre
todo lo demás, por una temporada. Las cosas en el trabajo no han
empeorado. Al contrario, los colegas me tratan con más afecto: al
comenzar a practicar el palmeo tenía miedo de que me tomaran el pelo,
en vez he encontrado respeto e interés.
Procuro aligerar lo más posible el trabajo de cerca (el ordenador,
por ejemplo) desplazando la mirada, parpadeando, y delineando algo de vez
en cuando .
Nuevas Perspectivas
Si sucede que me siento tratado mal... este es el momento en que vuelve
a la superficie la dependencia de las gafas; me parece que de repente ya
no veo nada, que no entiendo bien la situación, y que seguramente
las lentes lo resolverían todo. Un poco como un adicto al alcohol
que necesita "un traguito": la comparación me resultó
clarísima en una ocasión en la que estaba hablando con un
colega que había dejado la botella (entre otras cosas, antes habría
evitado intercambiar confesiones tan "íntimas"). A veces
cedo a la tentación, sin demasiados complejos de culpa, pero a menudo
observo mis inseguridades, acordándome de respirar y de mover los
ojos, y descubro como la "gran crisis", no sea tan grande y la
necesidad de las lentes no sea tan real.
Escribir estos pensamientos en mi "Diario de la Visión"
me ha ayudado mucho: los mismos pensamientos negativos (como "nunca
voy a conseguirlo") vistos en un momento distinto pierden toda su aparente
verdad y se descubre que son trucos de la mente y condicionamientos que
he absorbido de niño.
Respecto de antes de Buena Vista, hoy me siento un poco más seguro
de mi mismo, pero de una manera particular. Me siento más abierto,
más en relación con el mundo, con los demás, y hasta
con mis emociones. A menudo me siento vulnerable, pero sé que puedo
superarlo aunque tuviera que sufrir algún que otro golpe.
Otras veces en cambio me parece que la vida en el fondo no sea tan seria,
y hasta me parece cómica, y esto me gusta (no le gustaba a mi padre).
Por la noche uso gafas cuando tengo que conducir (si puedo, dejo que
lo hagan otros), o las uso cuando parto con trenes o aviones. Pero incluso
en esos casos trato de reducir el uso al mínimo, abundando con el
palmeo cada vez que puedo.
A menudo voy al cine sin gafas, o uso gafas reticuladas (gafas especiales
sin lentes y dotadas de pequeños agujeritos); las uso también
para ver alguna que otra cinta de video.
He disminuido drasticamente la lectura "de placer", o sea periódicos
y libros. El criterio que he observado es sencillo: me he preguntado "¿De
verdad es un placer?".
He descubierto que las cosas que realmente me interesan y me gustan en
un periódico son poquísimas y que antes leía sobre
todo para abstraerme de la situación. He disminuido también
los libros, aparte de alguna novela realmente bonita (¡Qué
cantidad de basura que he leído en mi vida!). En suma, ya no leo
mecanicamente y cuando lo hago, aplico diligentemente las reglas de oro:
palming cada diez páginas; levantar los ojos al final de cada página,
parpadear cada párrafo (ya el parpadeo me sale natural, incluso delante
de la computadora).
Antes de dormir; a ojos cerrados, practico a menudo alguna visualización,
o alguna técnica análoga. O escucho algún casete meditativo
o de buena música.
Todas estas cosas también me han ayudado con el insomnio: hace
mucho que no lo tengo.
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