Óptimum y pessimum son términos (en latino) utilizados por W. H. Bates. Siendo un observador entusiasta, se dio cuenta de que sus pacientes tendían a ver mejor cosas agradables y desenfocar las cosas que les molestaban o asustaban.

Los ojos NO son cámaras

Esto, por supuesto, no tiene ningún sentido si pensamos en los ojos como cámaras. Una vez que las hemos enfocado precisamente en términos de distancia y luminosidad, ellas cumplen con su deber y registran fielmente deliciosos cachorros o escenas atroces.
Pero, de hecho, no somos cámaras, sentimos emociones. Podemos descubrir que vemos una letra mejor en la pizarra solo porque nuestro nombre comienza con esa letra, o reconocemos a nuestro ser querido que llega a la cita desde distancias imposibles.

En busca del placer

Ahora, en un nivel extremadamente elemental, todos nosotros, los seres vivos, tendemos a acercarnos a las cosas agradables y escapar de las desagradables. Incluso las amebas se acercan a lo que puede ser alimento y se retiran de lo que puede representar una amenaza. Es natural. Entonces, la transposición parece inmediata: ¿No será que los ojos han aprendido a “retirarse” de las cosas desagradables o amenazantes y han cristalizado esta respuesta en una actitud dominante? Y ¿No será que toda educación visual no es nada más que reconducir este mecanismo dentro de sus límites y favorecer una actitud de aceptación hacia lo que se ve?

A nadie le gusta el pobre opto tipo

Bates ciertamente tuvo esto en mente cuando insistió en recomendar una presencia constante del optotipo (tabla de prueba) en las clases escolares.
El optotipo, que es un pesimium por la acumulación de experiencias negativas, primero tenía que convertirse en algo neutral: algo “que es parte normal del paisaje”, y luego convertirse en un amigo, algo que te reconforta y calma.

Rodeados por “pessimum”

Pero para un miope, también hay muchos otros elementos con los cuales hay que reconciliarse. Por ejemplo esas cosas que tratamos de ver: en una curva sin visibilidad (siempre podría haber locos…). Es un círculo vicioso: uno se esfuerza por ver porque no confía en su vista y en su capacidad para responder a una emergencia. Y es por eso que ve siempre peor. Pero no es solo una cuestión de movimiento y peligros físicos: trabajar en la computadora puede producir un efecto “pessimum” cuando te dejas llevar por “Tengo que hacerlo” y te enfrentas a cosas poco atractivas.

Todos conocemos este proceso

Comenzamos a endurecer nuestra postura, a inclinarnos hacia la pantalla. Respiramos menos (o nada), nos olvidamos totalmente de parpadear, estiramos nuestras frentes (y cuellos) y sentimos un leve dolor de cabeza que se anuncia. ¿Por qué nos abandonamos a este vórtice de tensión? Un palming, un estiramiento o una caminata corta serían suficientes. El cambio de energía siempre está ahí y el sistema visual respira. En definitiva, es realmente una cuestión de actitud. Por supuesto, si odias tu trabajo, no encentrarás nada de agradable para observar durante el tiempo de trabajo.

La conciencia te ayuda

Pero incluso aquí tu conciencia puede hacer la diferencia. Trata de encontrar detalles interesantes o agradables: una planta, una pintura, la vista de una ventana. Cosas pequeñas, que disfrutas viendo (también tu mismo puedes poner una plantita o algo bonito). Busca encontrar de nuevo la respiración, la fluidez en el cuerpo y en la expresión de la cara. En definitiva, busca encontrar un simple bienestar. Y trata de expandir este equilibrio a otras cosas.

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