
En mi vida he conocido ocasionalmente a personas importantes.
Algunos encuentros, como el que tuve con Osho, duraron mucho tiempo y dejaron una profunda huella en mí.
Otros fueron muy aleatorios, duraron muy poco y tendieron a desvanecerse de mi memoria.
Hace poco recordé uno muy particular, todavía de mi adolescencia.
De Londres a Glasgow
Tenía más o menos 17 años e intentaba hacer autostop de Londres a Escocia, con muy poca suerte, cuando por fin se detiene un Jaguar y el conductor se ofrece a llevarme a Glasgow.
El viaje es largo, el coche cómodo y el señor mayor que conduce tiene ganas de charlar. Me pregunta por mi vida, pero también por Italia: política, música, un poco de todo.
Incluso cuando paramos a comer algo en una estación de servicio de la autopista, que amablemente me ofrece, seguimos charlando. Casi siempre es él quien me pregunta cosas.
Por supuesto, la conversación se desarrolla en inglés, aunque el demuestra que conoce Italia bastante bien.
«La Montanara hué, si sente cantare…»
Llevamos ya dos o tres horas de camino cuando en un momento dado me dice textualmente: «Ud tiene una voz preciosa. ¿Conoce la Montanara?», en italiano (La Montanara es una canción de montaña tradicional del norte de Italia)
Sorprendido, le respondo en inglés que sí, que conozco la Montanara y le pregunto cómo es que la conoce.
De nuevo contesta en italiano y me pide que se la cante. Le complazco lo mejor que puedo y parece que disfruta escuchándola.
Era 1943…
Luego, todavía en italiano, como si se hubiera abierto una puerta cerrada hace tiempo, me cuenta que durante la guerra estuvo de misión en Italia y que incluso había organizado el cruce de las líneas del rey y del primer ministro, además de actuar más tarde como enlace entre el mando partisano y las tropas aliadas.
En resumen, estaba básicamente en el coche con el superespía británico más importante en Italia durante la guerra.
También llevaba consigo algunos ejemplares de unas memorias que había escrito: en la contraportada aparecía su foto y también el hecho de que le habían concedido el título de baronet por sus hazañas.
Se llamaba Richard Mallaby (en la foto) y se cree que Ian Fleming se inspiró en él para crear el personaje de James Bond.
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Y también Adios Lawrence,
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Fabuloso tu compartir Mauricio. Qué placer leerte y viajar contigo por esos caminos llenos de sorpresa!.
Gracias